martes, julio 17, 2018

Inhala ya paz
Exhala amor luego
Hasta que vuelvas

sábado, julio 07, 2018

Balboa.

Estaba en mis cuatro paredes pensando en que sería buena presidiaria. No molesto, no me vuelvo loca encerrada, me conformo con la comida que tenga a la mano, puedo cerrar los ojos y transportar mi mente a otro sitio mientras mi cuerpo no recibe ni luz solar, puedo leer todo el día, sé hacer buenas amistades con personas diferentes a mí. Espera, diferente en qué? Todos somos lo mismo. Corrijo: puedo hacer amistades fácil. Como que le caigo bien a la gente. No soy de pelear hasta que algo me parece injusto y afecta a quien quiero. No, nunca he estado en una cárcel. No sabría de lo que hablo, cierto? Sabes qué? Me voy. Yo no estoy presa. Me arreglé porque realmente parecía que en mi cabeza hubiese pasado un huracán, cogí un auto y me fui lejos. No quería ver ninguna cara conocida. Llegué a un lugar con unas luces bonitas, era una buena noche, de esas con brisa fresca y sonidos relajantes. Caminé bastante, los pies ya me dolían y me senté. Bajé la cabeza por un momento y cuando la volví a subir te vi. Te vi caminando con una chica a tu lado, la abrazabas y le ponías la mano en la espalda y en su trasero mientras caminaban. Yo me estaba tomando una bebida, olvidé mencionar. Por eso me senté, porque me orinaba y no había baño cerca. Y me la compré porque tenía sed de tanto caminar, y caminaba para despejar mi mente. Mi mente, sí, esa que me hizo salir de mi hueco. Por qué salí? Sabes qué? Me voy. Yo no estoy libre. Me metí el orgullo pisoteado en un bolsillo y me tragué las ganas de vomitar. Mi cara ahora parecía un huracán. En mi cuerpo entero ocurría un terremoto y mi corazón era el epicentro. Caminé bastante, corrí en realidad. Me metí en mis cuatro paredes y las abracé. Mi lugar seguro. Y me puse a pensar en que sería buena presidiaria.

lunes, junio 25, 2018

Amigas online.

Tú estás ahí pero en realidad no estás. Tu mente puede estar vagando en el más profundo lago negro mientras tu cuerpo está ahí, sentado en ese sofá viejo, diciendo sí con la cabeza y los ojos en blanco. Ella está ahí, toda. Sintiendo como nunca, llevando las emociones a niveles inaccesibles. Sintiendo cada palabra que sale de su boca como una puñalada que ella misma se clava. Luego estás tú ahí, en las afueras de un exclusivo bar donde puedes encontrar placer de distintas formas, ya que no puedes poner tu cabeza en su lugar, prefieres llenarte de falsedades para no asumir la realidad. Pero tus pies están ahí en el asfalto aún caliente, no pueden moverse. Le exiges moverse pero ninguno actúa. Te ignoran. Vuelves a casa. Ella no está, dobla turno en su trabajo. Buscas la computadora y haces tu cosa favorita actualmente. Te llenas de chicas online, chicas que te ofrecen un color rosa, el rosa más rosa del mundo. No puedes manejar el estado físico, sólo disfrutas el mundo intangible, soñador y donde la imaginación no tiene límites. La escuchas llegar, la puerta de la casa se abre y sólo puedes borrar tu sonrisa del rostro, apagas el aparato y vuelves a tu forma de robot. Te haces el dormido y realmente a los minutos te duermes tan profundo que no te das cuenta. Te despiertas y ella se ha ido. Ni una nota, ni un mensaje, ninguna palabra te dio. Solo te dejó un vacío tremendo en el closet y su cepillo de dientes no está. Aún así no puedes procesar nada. Vuelves al bar. Entras. Sales a las horas y te preguntas porqué no lo hiciste antes.

sábado, junio 23, 2018

Te espero.

En mis sueños te espero
Sentada en el sofá
Detrás de la puerta
En tu restaurante favorito
Te espero pidiendo comida
O a la salida del baño
En el estacionamiento
Con mi teléfono en la mano
Y mi corazón en la otra
Estoy parada en la ventana
Viendo la entrada de mi casa
Si te veo llegar y
que esperarte no fue en vano.

viernes, junio 15, 2018

Amor a la carta.

He pensado durante muchas horas si debía o no escribirte esto, qué palabras usar, si lo leerías, si no lo harías. La ansiedad y yo fuimos una cuando te pensaba, era así todo el tiempo desde que te fuiste. Hoy no te había pensado hasta el momento de empezar a teclear esto. Ayer te pensé todo el día. Mañana espero estar mejor. He tenido ataques de pánico, he llorado, grité y me he fumado mil cajetas de cigarrillos para calmar mi acelerador interno. Empiezo contando esto para que te des una idea de cómo estuve siempre antes y a veces de cómo estoy ahora. Eres consciente de lo que hiciste y de cómo me partiste el corazón, eres consciente de cómo era yo y cuánto te quería. No te estoy reprochando nada, esta no es una carta para ofenderte ni reclamarte. Fuiste responsable tanto como lo fui yo. Soy culpable de demasiadas cosas. A veces te daba por sentado, otras daba todo por exceso. Llegué a cuestionar si el exceso de amor era malo, tuve una revelación de papito: Todo lo que llegue a exceso es malo, pero el exceso de amor no existe, el amor no tiene exceso, nunca es suficiente y nunca sobra. Quererte no fue mi error. Realmente no sé qué cosa en específico fue el detonante. Tú siempre me recalcaste que yo no hice nada, que no fui la culpable. Pero como digna oponente (y perdedora), me exijo a mí misma encontrar la respuesta para mejorar. Aún no la sé. Y creo que nunca la sabré. Solo puedo estar tranquila que nunca te mentí, engañe ni te quise hacer daño. Te pido disculpas otra vez, por si algo no salió como esperaba, si te herí indirectamente. Quise todo tan distinto a como resultó. Me vi comprometiendome al fin con alguien, en serio, por años. Lo quise y aún me descubro sintiéndolo a escondidas. Esto me cuesta decírtelo mucho porque sé que una imagen muy marcada que tienes de mí es que soy fuerte. Soy muy fuerte para algunas cosas pero para otras encuentro debilidad, me vuelvo pequeña otra vez y sólo me quejo de lo injusto que es el mundo. Vuelvo una y otra vez al momento donde me enamoré de ti, donde te volviste la luz de mi corazón. Me diste alegría, mucha. Estoy agradecida contigo por todo lo que hiciste por mí, por eso escribo esto, para agradecerle a la persona que me vio con otros ojos que no fueron los del odio, fracaso, oportunidad. Fueron unos ojos de amor, esperanza, pureza. Nunca esperaste nada de mí y aun así te di todo lo que pude. También sabes que respecto al cambiar cosas del pasado estoy en contra, contigo comenzaría una y otra vez hasta llegar al punto donde no tenga que escribir esta carta. Mi segundo motivo para escribir esto es para dejarte ir. Es tan gigante lo agridulce que es esto. Faltaría menos que fuese una cosa tan fácil que siquiera se tomaría en cuenta, que pusiera mis sentimientos chiquitos o tu presencia insignificante. Es importante para mí este paso porque me permitirá demostrarte cuánto te quiero y cuan neutra soy en cuanto a lo que tú deseas. No te obligue a quedarte pero tampoco te hice la vida imposible para echarte. No quise influir en tus pensamientos y decisiones pero sí te hice saber cómo pensaba yo. No te puse a escoger entre algo y yo, tampoco me quedé como espectadora, porque era un show donde se supone yo tenía algún papel y terminé siendo nada, cero, invisible. No me voy a torturar, yo me quiero mucho también. Nunca me alcanzarán las palabras para expresar todo lo que tú generas en mí, por eso me tardé tanto en esto. No quería que sonara bobo, incierto, cursi ni novelístico. No quería que fueses a malinterpretar mis palabras o juzgar mi posición. Quizá esto se me olvide a la semana o en años, o piense diferente luego. Me gusta contradecirme con el tiempo, eso significa que cambié y estoy abierta a nuevos caminos. Te deseo lo mismo, desde el primer día al último. Sé feliz.