martes, diciembre 09, 2014

Óxido - Yuruán Silva @YuruanMJ

Quien hace la música, no acontece ser el hombre que toca la madera, ni las cuerdas, el aire y el vacío del objeto.
Es realmente, la madera. La perfecta y lisa madera en la que resuenan miles de partículas retumbando unas con otras, estallan y le dan sentido a la vibración de las cuerdas de una guitarra, por ejemplo... la materia prima del instrumento será el verdadero responsable final, de que la música llegue al oasis que tenemos como oídos.
La capacidad supuestamente limitada de nuestro poder, es desafiada por el poder de la melodía, todo factor se une en cadena, desatando combinaciones, que aunque haya un detalle de mayor esencialidad que otro, juntos dan lugar a lo que realmente se busca... que el sonido se transforme en música, el canto del universo.

Un hombre en Venus, cabo suelto que no tiene lugar. Aunque, estar fuera de lugar, es un puesto que tomar... quizá, algo pudiera hacer, una criatura tan extraña en los dominios femeninos... algo más que alborotar, destruir y atentar contra el supuesto equilibrio, las intenciones nunca suelen ser buenas. El azar es la actividad favorita del humano en su propio vivir, arriesgarse a morir, todo para sentir el choque de hormonas, profundas, que lo hacen experimentar una ligera extremidad de un plano existencial mayor, donde los móviles de carne no son necesarios, la sociedad solo se diferencia por el pensamiento, y el concepto del amor propio y la moralidad, se moviliza con la paz que amerita y no la imponente espontaneidad del corazón bombeando adrenalina, sedando al cerebro con metanfetamina natural. 
La química psicológica es la peor, nos diferencia y nos asemeja. Es la locura, en su forma más evidente. No hay quimera de dos cabezas que demuestre lo contrario, que una serpiente de ámbar no pueda atentar, contra la belleza de la libertad, que el humano perdió hace centurias futuras y pasadas, pero ha intentado retomar en el presente progresivo, buscando indirectamente por la piedra filosofal... lo que nos ata, es la falta de ser auto consientes, de nuestra propia humanidad, creyéndonos dioses, de una tierra que no existe, más allá de un sueño deformado...que no tiene cabeza, cuerpo y pies, pero no lleva corazón, interludio ni éxodo. 
Menos mal que nunca he creído en el desenlace, siempre he estado enamorado de la trama, una dama que siempre cambia, evoluciona, se torna en una espiral llena de sorpresas, que aunque se repitan en cierto patrón, su círculo cromático gira entorno al universo hasta que encuentra otra manera de contar la historia. Pero jamás, permite que el silencio se apodere de todo, solo será parte de mi, más no mi entera existencia.
El óxido es, eso que acontece cuando tus ideas dejan de ser parásitos con hambre, y se marchitan en semillas corroídas por que han sido regadas con aceite, directo del inverso de la superficie. Un óxido anti natural, que seguirá ocurriendo, hasta que me convenza de que soy más... más que esto, más que todo, la resta de mis partes, la separación, es lo que permite la percepción de la suma, si no lo acepto, no podré seguir, no lograré vivirte, cosmos. Soy parte de la solución, no del problema. Solo que no me di cuenta a tiempo y perdí mi color.  El óxido tomo la rienda de mi tez.

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