martes, diciembre 09, 2014

Un Pasado Escrito - Yuruán Silva @YuruanMJ

Cada dos ciclos impares que secuencian en esta tierra de nadie, olvidada y mugrienta, acontece un evento peculiar, del que nadie parece percatarse, pero representa un importante salto en el paso evolutivo y destructivo de nuestra historia... el verano, sucesor y pareja de la primavera, es transformado con un brusco empujón de la naturaleza, en lo que la raza divina, padres de la humanidad, definieron como la época del frío, el poder elemental del aire de las montañas, desciende a las áreas más bajas de la tierra a tomar posesión temporal de la vida... tornándola en un gélido ambiente que parece querer acabar con la resistencia de todos los seres. Quizás no busque un desenlace mortal, pero el "invierno", como los humanos decidieron catalogarlo... sufren en la potencia temperamental de este elemento, a quien apenas logran percibir en una vida mortal.

Un sacrificio de 120 hombres, nunca ha llegado a calmar la ira de un dios, sucede que, la ofrenda de cuerpos carnosos con suspiros de vidas manchadas por errores y  un moralismo atroz, no alimenta el ego ni la paz de ninguna entidad, ni alienígena si quiera... el valor de una verdadera ofrenda fuera de lo terrenal y materialista, se mide por el nivel de sacrificio... sabiendo esto, aún así, los mortales lanzan miles y miles de los suyos, desde criaturas que apenas han tocado este espacio existencial, hasta los eruditos que han alcanzado un cierto nivel de conocimiento debatible frente a criaturas de razas "superiores" al concepto de humano... que tiene el mismo.
Algún día, muy recluido de las historias pasadas... se encuentra el eterno conflicto que previó toda problemática cósmica... la única guerra que no fue mundial, pero que sus repercusiones fueron peores que una supernova, la lucha separatista entre dioses, por su inherente deseo de jugar con el poder... no aquel de la grandeza de la creación suprema de mundos... historias... y vida... si no el poder de poseer... de tener... algo que la humanidad poseía naturalmente y que ellos a su vez... lo observaban, lo sentían... pero no lo entendían, el amor. 
Amar. Letras, que juntas forman una poesía nueva en su mundo, que no llevaba el sentido matemático interno que posee cada molécula de lo físico de este plano, nada tenía sentido cuando ese posible parásito invisible al ojo celestial, se incrustaba entre las fosas de los pulmones y el conducto digestivo de aquellos monos sin pelo que surgieron con inmensa lentitud en la tierra. Tanta facilidad, desde el principio, tenían los humanos para manifestar, accionar... y ser consumidos por ello... y a pesar del auto sacrificio que cometían contra si mismos para mantener esa subrealidad en su psiquis, no se arrepentían realmente de lo que les ocurriera... el solo echo de someterse a tales actos de poesía superficialmente invasiva, épicas exageradas, conflictos de ira y otras violaciones a sus propios códigos, los mantenía vivos y en cierta forma... óptimos para alcanzar (temporalmente) un mayor nivel de conciencia... por percepciones que parecían absurdas a los ojos de un dios... pero la curiosidad que atraían era desconcertante...
Orfeo, comenzó a existir por la mezcla de las almas de los animales más mágicos que tocaron la tierra, se convirtió en una entidad suprema que se regocijaba y caracterizaba del canto, su voz era un imán para la equidad y el deseo de paz. La maravilla de su voz, se extendió en habilidad, a un instrumento peculiar, que el decidió llamar... lira, materia madre que dio a luz a otras invenciones humanas que trascendieron hasta en el mundo cósmico... la guitarra, la cítara, y el laúd... hijos de la madera que Orfeo tocaba con la quietud y perfección del silencio original que existió en la verdadera génesis de la tierra...
Un dios más, que usaba la música como medio de su poderío... tal vez se pudo haber maquinado así sobre su existencia, pero este ser... se sometió así mismo, a experimentar los sentimientos humanos, el amor, cosa inimaginable y extremadamente inestable, lo llevó a cometer actos de desidia en contra de su hermandad celestial, y se corrompió al punto de tornarse en un dios de la ira. Envuelto en un manto de eterna venganza, en contra de su propio amor... porque su humanidad invocada, no hizo mayor cosa al final de su historia, que consumirlo... hasta el punto en que el único retorno, era la muerte. Pero los errores que nunca son aceptados, solo son puertas inversas, que atraviesan un camino, que asemeja ser el mismo que ya hemos tomado, sin embargo en realidad es una línea delgada entre la ida y la vuelta, arriba y abajo... el pasaje entre cielo e infierno, el purgatorio de aparente eternidad, que nos lleva al borde de la locura, pero jamás nos mata, allí su cometido, la tortura sin perdón.
Orfeo no había culminado su historia, ningún arenal se levantaba al final de su travesía, solo parecía haber más camino, desiertos sin oasis, que solo aumentaban su calor... su tornado de ira, que no podía ni reventar, el alivio solo era una mera ilusión, la única.

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